Hacer camino al andar

Jason Fried, en una entrevista con Tim Ferriss, dice que no cree en los objetivos, que lo importante para él es el proceso, en su empresa no miran KPIs, lo que hacen es marcar unas reglas del juego con las que todos se sienten a gusto. El objetivo es seguir esas reglas. Si eres cuidadoso a lo largo del camino, acabas teniendo éxito, aunque al principio no supieras exactamente cómo es ese éxito.

También explica que a menudo los objetivos se vuelven contra ti, en eso cita a Andrew Grove, ejecutivo de referencia para los ejecutivos de Silicon Valley. Grove explica que al marcar un objetivo, la gente se centra en ese objetivo, dejando de lado el resto de cosas que posiblemente hacía bien antes y que tú dabas por garantizadas, de forma que el resultado acaba siendo peor.

Daniel Ek, el CEO de Spotify, sí se marca objetivos, al menos personalmente, pero me recuerda a Fried en una entrevista con Robert Safian donde dice que “el proceso es más importante que las decisiones”. La frase es la conclusión de una reflexión en la que explica que la cultura de una compañía por fuerza va cambiando, y lo importante es determinar qué cambios son buenos. Pone el ejemplo de las ciudades: cuanto más grandes más productivas, mientras que en las empresas sucede al contrario. Para él, la razón es que en las ciudades existen una serie de normas ya establecidas que guían las interacciones de las personas, mientras que las empresas tienen que crear esas normas, y no siempre lo hacen bien.

Google sí usa objetivos, y ha montado un sistema llamado OKR. Necesitan una charla de una hora para explicarlo, y no las deben de tener todas consigo si en la introducción a la metodología empiezan mencionando investigación que apoya la tesis de que la gente rinde mejor con objetivos. No lo pongo en duda, es solo que si fuera una verdad evidente no necesitarías apoyarte en ningún estudio. Una parte que me gusta de los OKRs es obligarte a verbalizar periódicamente qué es tu trabajo.

Pero entonces, ¿objetivos sí o no?

Pues tú sabrás 🙂 Lo que yo tengo claro es que la respuesta no es tan sencilla. En el equipo de ingeniería de Muno tenemos por un lado objetivos muy concretos que nos marcamos en los sprints, de forma que se revisan muy a menudo, y unos principios muy genéricos que se revisan muy de vez en cuando.

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demasiados coches

El coche es uno de los grandes inventos del siglo pasado. Que tantas personas puedan acceder tan fácilmente a una máquina tan poderosa y sofisticada es un gran logro de la humanidad. Sin embargo hemos hecho un mal uso de esa creación, de forma que ha acabado siendo un objeto que restringe la libertad de las personas.

Un coche pesa más de un tonelada y lo usamos cotidianamente para desplazar a una persona de 100 kilos como mucho. Es desproporcionado e ineficiente. Podemos mejorar la eficiencia de sus motores y experimentar con combustibles más eficientes, pero al fin y al cabo estamos desplazando una masa como poco 10 veces mayor que la que de hecho necesitamos desplazar.

Además de pesar mucho los coches ocupan mucho. Un coche parado ocupa un espacio considerable, pero además son unas bestias rígidas que necesitan mucho espacio para maniobrar. De forma que para que sus movimientos sean ágiles o solo posibles las ciudades deben construirse a su medida. Así llegamos a casos como el de Madrid, donde la mayoría del espacio público está dedicado al tráfico rodado.

Son unas máquinas pesadas y rápidas que comparten el espacio público con las frágiles y lentas personas. Así ocurre que a menudo colisionan, coche con coche o con persona. Los accidentes de tráfico son la principal causa de mortandad entre personas jóvenes y los peatones son los que se llevan la peor parte (mapfre seguridad vial). Supongo que la cifra de muertos y heridos es poco significativa comparada a la de personas que comparten el espacio público, pero todos los que deambulamos por la ciudad nos vemos constantemente bajo la amenaza de un atropello. Tengo un niño de año y medio cuya gran afición es correr. Lo hace despendolado, porque es muy pequeño y es lo que tiene que hacer. Ello me obliga a tenerle siempre lo más amarrado posible, carrito, mochila o de la mano firmemente sujeto. Y lo peor, me obliga a explicarle que no debe correr. ¿No debe correr en la calle un niño que está aprendiendo a correr? Pues no, no puede, se juega la vida.

Que un niño pequeño no pueda disfrutar del espacio público sin arriesgar su vida es injusto y es imbécil, nos hemos equivocado, hemos convertido una pieza de ingeniería fabulosa en una carga para la sociedad. Hay que repensar el espacio que compartimos en las ciudades.